Ya en Angkor

El domingo madrugamos más de lo habitual. Nos levantamos a las seis de la mañana porque a las siete menos cuarto nos pasaba a buscar la furgo que nos llevaría al muelle.

Hay dos maneras de viajar desde Battambang hasta Siem Reap.

La más rápida (tres horas), barata (5$) y cómoda (buena carretera, aire acondicionado, …) es hacerlo en autobús.

La más pausada (en esta época siete horas, varía en función del caudal), cara (19$) e incómoda es hacerlo en un estrecho barco remontando los canales hasta el lago Tonlé y de ahí hasta Siem Reap. Y esta fue la opción elegida.

Es muy curioso ver la Camboya “de verdad”, alejada de las atracciones turísticas desde la borda del barco.

Cómo los camboyanos acuden a primera hora de la mañana a lavarse al canal, pescan con redes fijas sujetas a botellas vacías de agua como boyas o con redes de mano, cómo se desplazan de pueblo a pueblo en pequeñas canoas o cómo juegan en el agua a cualquier hora los niños o cómo sestean a la sombra en sus hamacas. Además al ser domingo no era día de escuela.

En el barco viajábamos unos ocho extranjeros y cinco o seis camboyanos, que utilizan este barco como autobús de línea que les va dejando en sus pueblos a lo largo de los canales. Los locales, obviamente, pagaban algo menos de un dolar por su trayecto.

Además el barco hace funciones de correo y paquetería entre los pueblos ribereños, llevando cajas con cosas, una televisión, pan o sacos de fertilizantes.

Al llegar a un pueblo hacía sonar la sirena y aparecía de ninguna parte alguien con su pequeña canoa para descargar su caja o recoger a su familiar.

Al llegar al lago Tonlé pasamos junto a bandadas de miles de aves que posadas en el agua levantaban el vuelo al pasar la barcaza cerca, dándonos un espectáculo muy vivo.

Siete horas despues atravesamos el pueblo flotante de Chong Kneas y un rato despues llegábamos al embarcadero de Siem Reap, bueno a doce kilómetros de la ciudad, porque el lago Tonlé, en función de lo avanzada que esté la temporada de lluvias, avanza o retrocede su orilla varios kilómetros.

Nada más amarrar y sin darnos tiempo a descargar las mochilas el barco fue abordado por varios tuktukeros que se ofrecían para llevarnos a la ciudad.

Estamos en temporada baja, no hay mucho trabajo y para un tuktukero conseguir un cliente en el barco implica trabajar dos o tres días entre el transporte al hotel y, si llega a un buen acuerdo, el transporte dos o tres días por los templos.

Sino consigue nada debe seguir intentándolo en los siguientes barcos o autobuses, porque conseguir clientes en los hoteles o por las calles es muy complicado.

Nosotros teníamos ese asunto solucionado. Una pareja de amigos nuestros, Iago e Inés, habían estado en Siem Reap dos meses atrás y nos habían recomendado a Sokheng, el tuktukero con el que habían trabajado y con el que acordamos precio y días por mail y nos estaba esperando a pie de barco.

Nos llevó al hotel, majo, céntrico, moderno y en precio, el Neht Socheata Hotel, cerca del Old Market.

Hicimos el check in, nos duchamos y nos fuimos a recorrer la parte antigua de la ciudad, que no es muy grande y luego a cenar y a dormir.

Siem Reap es la ciudad más cercana a Angkor, el conjunto de arquitectura religiosa más grande de Asia. Más de 1.000 templos repartidos por la jungla.

Imagino que Siem Reap sería un pequeño pueblo, que con el auge del turismo ha crecido rápida e impersonalmente, de modo que el centro es una zona llena de servicios para el turismo, hoteles, restaurantes, cajeros automáticos, tiendas, …, y el resto es bastante nuevo y anodino: más hoteles, zona residencial para trabajadores, …

Esta ciudad es, con diferencia, la que más turismo recibe en Camboya y genera mucho dinero. Por ejemplo la entrada para tres días al conjunto de templos cuesta 40$, que lo valdrá, pero es casi el sueldo mensual para un trabajador camboyano no cualificado.

De ahí que no sea raro ver Lexus, BMWs, Cayennes y al lado muchos mendigos de toda Camboya que han venido al calor del dinero para recoger las sobras.

No hay que olvidar que Camboya es un país muy pobre, con un sistema sanitario “liberal” (privado y caro) y con un soporte social nulo y, por otro lado, es el país del mundo con mayor número de minas antipersonales activas, por lo que no es raro ver a mutilados arrastrándose por el suelo o en carritos en busca de limosna, ciegos tocando la flauta para recibir algo con lo que comer, …

Aparentemente hambre no pasan porque la tierra es agradecida y en cualquier lado brotan plataneros, cocos, …, pero aquí sin piernas, sin brazos, ciego, …, y sin acceso a ninguna protección social ni a un sistema sanitario es complicado llevar una vida digna. Da qué pensar.

Ayer y hoy hemos madrugado, desayunado y visitado los templos con Sokheng.

Es curioso ver como era la arquitectura civil y religiosa khemer en una época en la que en Europa éramos una banda de incultos desharrapados y cómo el antiguo Angkor en el año 1.000 D.C. era una ciudad con todos los servicios para más de un millón de habitantes, capital de un importante imperio del que no nos enseñaron nada en el bachillerato.

Además es interesante y divertido ver cómo surgen templos milenarios en recodos de una jungla llena de lianas, árboles gigantescos con imponentes raíces aéreas, monos, …, y cómo los empleados de mantenimiento (centenares, aquí la mano de obra es muy barata) a duras penas consiguen mantener los templos fuera de las garras de la vegetación para que no invada los templos, cortando y podando todo el día.

La entrada no es barata, pero está todo muy cuidado, sin un papel, …, son conscientes de la importancia económica de la zona e invierten en su mantenimiento.

Mañana continuaremos vistando templos y pasado volaremos de vuelta hacia Bangkok.

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Un pensamiento en “Ya en Angkor

  1. Hola Melo,

    Por lo que veo el tema de los tuktukeros es un agobio. Si puedes por favor pásame el contacto de Sokheng ya que asegurarte un tuktukero agradable y previo acuerdo de precio seguro que es mucho más cómodo que tener que regatear a pie de autobús.

    Saludos

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