Hacia el norte de Tailandia

El jueves madrugamos un montón, recogimos las mochilas, hicimos el check out del hotel y pasadas las siete y media estábamos en Hualampong, la estación central de ferrocarriles de la ciudad de Bangkok, en pleno Chinatown.

Compramos los billetes para nuestro próximo destino, Lop Buri y nos fuimos a tomar un café en el bar de la estación.

Mientras echábamos un vistazo al Hello thai (la versión tailandesa de nuestro Hola, con la misma maquetación, secciones, …) oímos que ponían una musiquilla por megafonía y de repente toda la estación se puso en pie y nos pusimos en pie a ver de qué iba aquello hasta que recordamos que a las ocho de la mañana y a no-se-qué hora de la tarde en todos los centros oficiales, colegios, …, ponen el himno nacional que todo el mundo sigue con respeto.

Tras el desayuno bajamos al andén y cuarenta minutos más tarde de la hora prevista (thai style) salió nuestro tren.

Era un tren rápido con aire acondicionado, un poco veterano, con asientos de sky marrón, pero muy limpio y cómodo y cerca de las once de la mañana nos dejó en Lop Buri, la ciudad de los monos.

Bajamos del tren, dejamos las mochilas en consigna y fuimos a ver los templos de la ciudad.

Esta pequeña ciudad está llena de monos, que habitan sobre todo en algunos templos y es muy curioso ver como se descuelgan por los cables eléctricos, se suben encima de los coches cuando paran en los semáforos, …

Las terrazas y ventanas de las casas están protegidas por una malla para evitar robos inesperados, …, una paranoia de ciudad que los thais ven como normal y nosotros al cabo de un rato casi también.

Tras recorrer los templos principales (están muy céntricos) y dar una vueltilla por el centro de la ciudad volvimos a la estación de tren donde sacamos un billete para la una que nos llevaría a Pitsanulok.

Nos había chocado mucho, desde que salimos de Bangkok el cambio de trato de los thais.

Por ejemplo, al ir a comprar el billete de tren en la estación, la chica de la ventanilla echó un buen rato en que viésemos todos los horarios y precios, nos los subrayaba con fosforito.

El rato que estuvimos esperando nuestro tren en el andén nos vinieron tres o cuatro veces, diferente gente, a ver nuestro billete y explicarnos que el que llegaba no era y al llegar nuestro tren media estación nos avisó de que no lo perdiésemos.

Otra cosa comparando con Bangkok (como pasa con todas las grandes capitales y más en los barrios turísticos de Bangkok donde hay mucho comisionista y jeta), aquí el tiempo es otro, la gente tiene tiempo, es la Tailandia rural donde ven muchos menos turistas y sale el espíritu de la “gente normal” tailandesa. Un encanto.

De Lopburi a Pitsanulok tuvimos casi cuatro horas de tren. Menos mal que tenía aire acondicionado y no dieron de comer. Casi a las cinco de la tarde llegábamos a la ciudad y según lo que sabíamos el últimos bus a Sukhotai salía a esa hora y la estación de buses estaba a las afueras de la ciudad.

Enlazamos rápido con la estación de buses y al llegar nos dijeron que el último bus salía a las cinco y media. Llegamos por los pelos.

Una horita más de bus y llegamos a nuestra meta, Sukhotai.

Al anochecer hicimos el check in en la TR Guesthouse (recomendable), nos pegamos una ducha y nos fuimos a tomar una cerveza inmensa y a cenar.

Cada vez le estamos cogiendo más el punto a la comida tailandesa. Esa noche tocó cenar Pad Thai con tofu, spring rolls y batido de frutas.

Cada día nos estamos volviendo más vegetarianos por puro placer, las carnes de aquí no nos apasionan y tratan muy bien verduras y frutas creando platos muy sabrosos.

El Pad Thai es uno de los platos más conocidos de la cocina tailandesa.

Se trata de un plato salteado en wok a base de fideos de arroz con huevos, salsa de pescado, salsa de tamarindo, pimiento rojo, y cualquier combinación de brotes de soja, pollo, o tofu, decorado con cacahuetes picados y cilantro.

Se sirve habitualmente con una rodaja de lima, El zumo de esta fruta se añade al plato como condimento.

Tras la cena fuimos a un bar, al lado de nuestra guesthouse con músiquilla en directo a tomar una copa y de ahí a la cama que había sido un día duro.

Hoy hemos madrugado, hemos desayunado tranquilos (los desayunos aquí también son rotundos) y hemos cogido una especie de furgoneta abierta que aquí utilizan como bus municipal para recorrer los doce kilómetros que nos separaban de Old Sukhotai, las ruinas de los templos milenarios de esta zona, declarados Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO.

Hemos llegado al parque de Old Sukhotai, hemos alquilado unas bicis y aprovechando la sombra de los árboles hemos ido recorriendo los templos.

Luego hemos cogido una furgo de vuelta a la ciudad y hemos recorrido la ciudad buscando un plato tradicional de Sukhotai que nos habían puesto muy bien.

Una sopa de fideos de arroz, con carne de cerdo, judias, verdes, cacahuetes, cilantro, …

Hemos conseguido que nos lo escribieran en tailandés en el hotel y preguntando hemos llegado a un pequeño restaurante tailandés, con la cocina a la vista y un público exclusivamente local, donde las camareras no hablaban nada de inglés, pero entre el papel que teníamos escrito y señas, hemos conseguido nuestro propósito.

Estaba riquísima y nos ha costado el plato de sopa poco más de cincuenta céntimos a cada uno.

Tras toda la mañana pedaleando nos hemos tomado una tarde tranquila recorriendo esta encantadora ciudad de provincias, con un curioso mercado nocturno en el que eramos los únicos extranjeros.

Mañana madrugaremos para coger un autobús que en cinco horas y media nos llevará a Chiang Mai, la segunda ciudad más importante de Tailandia, al norte del país.

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Un pensamiento en “Hacia el norte de Tailandia

  1. Hola Parejilla!!!!!

    Ya veo que estais disfrutando un montón…como siempre.
    Desde aquí en Burgos dais una envidia del copón y unas ganas locas de salir de viaje.

    Melo…a ti te tienen que tener mu visto por allí…pero me imagno que Cris tiene que estar flipando.

    Hala…a seguir bien!!!

    Un abrazo
    Roberto

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