Llegada a Bangkok

Ya llevamos seis días de viaje y es hora de hacer repaso.

El pasado domingo cogimos el vuelo de Qatar a las 11.05 de la mañana en dirección a Doha. Fue un vuelo tranquilo de casi siete horas, que se pasaron bastante rápidas y nos dejó a media tarde en la capital qatarí.

El aeropuerto de Doha es una experiencia. Yo ya había estado, pero fue la primera vez para Cris y se sorprendió de ver tantas mujeres con la cabeza tapada, otras a las que solo se les veían los ojos, los shijs con largas barbas y turbantes, filipinos, pakistaníes, …, un aeropuerto muy cosmopolita.

Un par de horas de escala y vuelta a coger otro vuelo, éste ya con destino Bangkok. Nuevamente el avión muy grande y cómodo, la comida muy sabrosa y las azafatas encantadoras.

En el primer vuelo dormitamos algo y en éste pudimos sacar otras dos horitas de sueño por lo menos. Ya nos habíamos aburrido de los más de cien canales de video on demand, los juegos, la música del equipo individual, …, comenzaba a apretar el sueño y el día siguiente iba a ser duro.

Por fin aterrizamos en Bangkok pasadas las siete y media de la mañana del lunes (aunque para nuestros cuerpos eran todavía las dos y media de la mañana en España, tendríamos que lidiar con el jetlag).

Tras pasar los trámites de inmigración y recoger las mochilas, cogimos un taxi hacia el centro de la ciudad, a Khao San Road, el distrito mochilero en el barrio de Banglaphu. Media hora y 470 baths (diez euros y pico) de carrera despues llegábamos a nuestro hotel. La mañana apuntaba a que iba a ser un día muy cálido.

Al llegar al hotel nos dieron la primera en la frente. No eran ni las nueve de la mañana, el check-in era a las doce, por lo que nuestra habitación estaba ocupada y no nos aseguraban otra hasta las once de la mañana, pero si queríamos nos guardabanlas mochilas.

Así que nos cambiamos de ropa (veníamos todavía con la ropa que traíamos desde Burgos con más de veinte grados de temperatura menos) y nos fuímos a patear la ciudad.

Una de las mejores formas de salir de Banglaphu es a través de los klongs, los canales que atraviesan la ciudad. A diez minutos de nuestra ghesthouse estaba una de las paradas de taxi klongs, una especie de cutre-barcazas-bus que por 13 baths (25 céntimos de euro) nos llevó hasta el barrio de Siam.

Lo cogimos en el muelle de Phanfa Pier (al lado del Gold Mountain Temple) hasta Saphan Hua Chang Pier, cerquita del MBK. Un recorrido muy curioso por estrechos canales en un medio de transporte que utilizan casi exclusivamente los tailandeses. De hecho éramos los únicos extranjeros en la barcaza.

Merece la pena, te sales del círculo de “turistadas” y precios para extranjeros y es muy sencillo de usar.

Además es una forma muy rápida de moverte por medio de la ciudad sin pillar un atasco.

Nos costaba 13 bahts el trayecto. Te montas y luego pasa un chico cobrando a todo el mundo.

El trayecto que os pongo os vale para ir desde cerca de Khao San Rd. (el muelle está a diez minutos justo al lado del templo del Golden Mountain) hasta la zona del MBK (andando a cinco minutos).

Lo podeis coger (o dejar) en Phanfa Pier (= muelle). Aquí: goo.gl/maps/KSZ4 por donde viene el señor de blanco, donde siempre hay un montón de tuk tuks (en mapa aquí: goo.gl/maps/JQKb ). Está muy cerca de Khao San: goo.gl/maps/F6tv

Y os deja (o lo podeis coger) en Saphan Hua Chang Pier, a 500 metros del MBK: goo.gl/maps/5y4U (se accede, justo antes de pasar el puente, por el camino donde están esas dos sombrillas rosas: goo.gl/maps/flEj )

Estuvimos recorriendo el MBK, un centro comercial de referencia en la ciudad. Es curioso y además tiene aire acondicionado, lo que ayuda a ir acostumbrándote al clima tailandés.

Tras ésto pateamos un poco el barrio, uno de los más modernos de Bangkok y después cogímos el sky train, un metro aéreo que nos llevó hasta el Chao Praya, el gran río de la ciudad donde cogimos un barco de bandera naranja que por 15 baths nos volvió a dejar en Banglaphu.

La temperatura llegaba casi a los 40 grados, la humedad era alta, llevábamos una sudada importante y nos caíamos de sueño, así que volvimos al hotel, nos duchamos, enchufamos el aire acondicionado y nos echamos una reparadora siesta.

Tras reposar hora y media, y ya con otro cuerpo, bajamos a la calle, dímos un paseo, nos tomamos una cervezota (aquí las hay de 640ml. y con este calor entran solas) y nos fuímos a merendar-cenar.

Despues cogimos un taxi para ir a la zona de Silom. Los taxis aquí son una especie aparte. Los taxímetros corre muy poco y solo mientras el coche anda, por lo que las carreras son baratas. Pero si el taxista prevee que va a haber tráfico, o te ven cara de panoli, se niegan a poner el taxímetro y te exigen negociar un precio cerrado, bastante elevado.

Como no sueles conocer las distancias y no sueles tener ganas de discutir, tragas o no. Pero al tercer taxi conseguimos que nos pusiera taxímetro (imagino que al ser temporada baja no tendrán tanta demanda) y nos ayudó a hacernos una idea de los precios, lo que nos vino bien para los siguientes días.

Recorrimos Silom, estuvimos en el mercado de Pat Pong (había muy poquita gente, es un mercado cada vez más decadente) y como ya volvía a apretar el cansancio cogimos otro taxi de vuelta a Khao San Road, nos tomamos una última cerveza en una terraza, la temperatura era mucho más agradable (aunque aquí de noche no baje de los 27-28 grados) y de ahí, rendidos, a la cama.

El martes madrugamos porque teníamos que ir a ver los templos y palacios de la zona real. Nos costó un poco dejar la cama, pero a partir de ese dia cada vez hemos ido cogiendo mejor los horarios locales y nuestros cuerpos se han ido acostumbrando a estas cinco horas de más.

Este día nos intentaron hacer caer en los clásicos timos de la ciudad. Siempre que te acercas al Palacio Real se te acercarán thais supermajos que te explican que casualmente hoy hay una celebración en el Palacio y está cerrado, pero que si quieres te ofrecen ir a ver un templo y unas tiendas que precisamente tienen ofertas para turistas.

Se nos acercaron cuatro o cinco, supermajos y ya les dijimos que gracias, pero que sin problema, que “nos bastaba verlo por fuera”. Obviamente al llegar a la puerta estaba abierta, llena de turistas de todas las nacionalidades y con un gran cartel donde pone “Abrimos todos los días. No te fíes de los extraños”.

Cris iba vestida para la ocasión, pero yo, que parezco nuevo, iba con pantalones por las rodillas, así que un policía me hizo ver que no vestía adecuadamente y me animó a ir a una oficina donde dejando 200 bahts de fianza me prestaron unos pantalones largos, preciosos, para comenzar nuestra visita

Recorrimos el Palacio Real y los templos de alrededor y de ahí fuímos a visitar el Wat Pho, un templo que está cerca. En este templo está el buda reclinado y donde hay una escuela tradicional de masaje thai de bastante renombre y que Cris y yo aprovechamos para que nos dieran tute durante media hora.

El masaje tailandés es una especie de yoga pasivo, un poco intenso y en algún momento hasta doloroso, pero que despues te deja como nuevo durante todo el día.

Tras picotear algo un puesto callejero, cruzamos el Chao Praya en un transbordador (3 bahts, unos siete céntimos de euro) para subir al Wat Arun, el templo del amanecer. Volvimos a cruzar el río en el transbordador, cogimos otro barco de bandera naranja que nos acercara a Khao San Road, duchita y a comer.

Tras un par de cervezas nos comimos un pescado a la parrilla exquisito y un plato thai un poco picante que también estaba muy rico.

Tras la comida nos metimos una siesta, aquí madrugas mucho y luego el calor machaca y tras una ducha nos fuímos al Sirocco Bar, un restaurante que está en la azotea del hotel Lebua, en el piso 64 de uno de los mayores rascacielos de la ciudad, a tomar una copa.

Ya había anochecido y las vistas desde esa altura del skyline nocturno de la ciudad son alucinantes. Además había un grupo de jazz tocando, el bar era muy curioso, …, de hecho es el bar de la cúpula dorada donde se rodaron algunas escenas en la pelicula Resacón en Las Vegas 2: Ahora en Tailandia.

Como curiosidad, no te dejan entrar en el hotel si llevas sandalias, pantalones cortos, si vas muy de sport, …, y el precio de los tragos es “totalmente europeo”.

De ahí otro taxi de vuelta a Khao San Road y a la cama. Es curioso que en el hotel Lebua te llaman a un taxi y son ellos los que le exigen que ponga taxímetro y te dan un resguardo con la matrícula del taxi para que les llames si tienes el menor problema. Fue la carrera más barata que hemos hecho nunca en Bangkok.

El miércoles madrugamos para recorrer Chinatown. Este barrio chino de Bangkok es muy-muy chino y seguro que no ha cambiado mucho en décadas. Olores intensos, mucha mucha gente para todos los lados, un tráfico congestionado, cientos de carteles de neón con caracteres chinos, …, una experiencia muy curiosa.

El día era especialmente cálido y pasamos mucho calor, pero nos gustó mucho el barrio.

Tras recorrer el barrio de punta a punta fuimos al muelle a coger nuestro barco para volver al barrio y coincidimos con una pareja de madrileños cincuentones muy agradables y encantados de practicar castellano.

Nos contaron que el día anterior habían intentado ir al Palacio Real, pero era una pena porque habia una celebración. Ya les dijimos que nosotros habíamos estado y que siempre estaba abierto, pero siguieron convencidos porque se lo habia dicho uno en una puerta, …

Aviso a navegantes: si vas a Bangkok y quieres visitar el Palacio Real y te dice un fulano en alguna puerta que está cerrado, sigue dando la vuelta al perímetro del edificio hasta que encuentres la puerta buena (la que está llena de turistas) y no hagas caso a nadie que te pretenda ayudar y realmente solo busque sacar un beneficio.

Tras volver a Khao San Road nos fuimos a dar un fish spa. Cerca de nuestro hotel había un centro donde podías meter lo pies en un estaque de peces pequeños que te van comiendo las pieles muertas de los pies. Contratamos media hora y fue una experiencia muy curiosa.

Tras la comida, planeamos una tarde tranquila porque al día siguiente teníamos viaje. Nos echamos una siesta, subimos a la piscina, recorrimos el barrio, cena y a dormir.

El jueves por la mañana dejábamos Bangkok y arrancaríamos hacia el norte del país en tren.

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