Chiang Mai, la ciudad de los templos

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Cuenta la leyenda que el rey Mengrai, que gobernó en el norte de Tailandia en el siglo XIII, cuando decidió fundar la nueva capital de Lanna, hoy Chiang Mai, pidió consejo a otros distinguidos miembros de la realeza para que le ayudaran a elegir el lugar más apropiado.

El soberano buscaba un emplazamiento que tuviera buen augurio así que cuando se enteró de la existencia de un valle fértil y extenso, habitado por ciervos y ratones blancos, ordenó construir allí mismo su ciudad.

Leyendas aparte, los turistas que hoy llegan a esta región del norte de Tailandia, salpicada de hermosos templos y paisajes bucólicos, lo hacen atraídos por su agradable clima —tan distinto a la humedad sofocante de Bangkok—, la hospitalidad de sus gentes y su riqueza cultural.

Cuando a principios del siglo XX llegaban a ella tras una dura travesía por el río o a lomos de elefante desde Bangkok —distante a 700 kilómetros— creían que era un espejismo. Aún hoy, y a pesar de su crecimiento y caótico tráfico, la fisonomía de la legendaria ciudad poco ha cambiado.

Desde la colina de Doi Suthep (1.676 metros) las vistas de sus murallas y fosos que ocultan los templos y pagodas más antiguos y algunas elegantes mansiones de teca rodeadas de frondosos jardines, te trasladan a aquella época de esplendor.

La ciudad más grande del norte de Tailandia —donde habitan cerca de 250.000 almas, en su mayoría budistas— se recorre sin dificultad a pie o en los ruidosos tuk-tuk (a elegir en sus dos versiones: motocarro enganchado a bicicleta o a moto).

Hay 300 templos en Chiang Mai —los mismos que en Bangkok— y algunos son auténticas joyas de la arquitectura religiosa lanna de entre los siglos XIII y XX. Se necesitan varios días para encontrar estos tesoros ocultos entre sus bulliciosas callejuelas, mercados, jardines abandonados y cementerios. Entre los imprescindibles destaca el Wat Phra Singh, el templo del señor león, situado delante de la puerta de Suan Dok y fundado en 1345.

Aquí se encuentra uno de los edificios más bellos de la ciudad, el Viharn Lai Kam, de estilo lanna tardío (1806-1811), construido en madera con su característico techo bajo de varios niveles y frontón dorado de exquisitos grabados. En su interior, las paredes están decoradas con magníficas pinturas murales decimonónicas, que muestran escenas cotidianas del siglo pasado en el norte del país.

Cuando ya el viajero se sienta aturdido ante tanta belleza, es el momento de retirarse a alguna de las terrazas que se extienden junto al río y contemplar, al atardecer, las barcazas arroceras que navegan bajo el puente de Nawarat.

Sólo entonces el farang comprende por qué en el pasado aquellos reyes exquisitos eligieron este lugar como escenario donde edificar sus sueños.

Vía El Mundo – Viajes

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